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febrero 4, 2013 / Ocularis

Obtener un canal RSS de una búsqueda de PubMed

Este año me he propuesto revivir este blog que lo tenía abandonado. Y la ocasión me la brindado @droncoped. En twitter hice un comentario de lo práctico que me resulta utilizar búsquedas en PubMed y guardarlas como RSS. Así tienes configurado una especie de aviso cuando un artículo nuevo se publique. Si hay algunos temas claves que sigues con especial interés en la literatura médica, es normal que de vez en cuando entres en PubMed y hagas una búsqueda para ver que hay de nuevo. Utilizando este truco del RSS se realiza automáticamente, y los nuevos artículos se incorporan a tu lector de feeds. Un inconveniente es que  con esto el lector de feeds tiene bastante más tráfico, pero eso ya es otro tema.

Me preguntaban cómo se hacía esto. Cuando uno realiza una búsqueda en PubMed, justo debajo del cuadro de texto de búsqueda aparece un enlace llamado “RSS”, que tiene un icono naranja a la izquierda. Si damos clic aquí, aparece una pequeña ventana en la que podemos configurar un poco el canal RSS que nos va a generar: concretamente el número de entradas y el nombre. Cuando ya hemos decidido estas dos opciones, pulsamos el botón “Create RSS”.

En ese momento nos sale otra ventana flotante que pone “RSS Feed”, y en la línea de abajo está escrito el nombre que le hemos puesto al feed y un botón naranja que pone “XML”. Este botón es el que contiene la dirección web (URL) con el feed. En algunos casos, depende cómo esté configurado nuestro navegador, simplemente dando clic izquierdo sobre el botón se nos añadirá el feed al lector de feeds. Pero la opción que siempre funciona es copiar el enlace al portapapeles. Ponemos el ratón en el botón “XML” y damos clic derecho. Copiamos la dirección del enlace. Entonces vamos a nuestro lector de feeds, y nos suscribimos a un nuevo canal. Cuando nos pide la dirección del canal, simplemente pegamos el contenido del portapapeles.

Aquí tenéis un screencast donde se ve todo lo que he comentado. Como lector de feeds muestro el Google Reader. Espero que os sirva.

mayo 7, 2012 / Ocularis

Los colores y el sexo

No, este post no va de sexo, siento la ambigüedad del título. Me refiero a las diferencias de género: cómo funciona la percepción de colores en un varón y en una mujer. Es cierto que un porcentaje no despreciable de la población masculina tiene algún tipo de discromatopsia congénita (hablo del daltonismo, principalmente), mientras que encontrar este tipo de alteraciones en una mujer es excepcional. Pero aparte de esto, la gestión de los colores que realiza el ojo es igual tanto en hombres como en mujeres. Y el procesamiento en la corteza visual primaria, también. Más allá de los defectos que he mencionado antes, no hay diferencias genéticas que hagan a uno de los dos sexos más hábil a la hora de discriminar colores.

Y sin embargo, hay diferencias, que tenemos que entender como adquiridas y debidas a factores ambientales. La anécdota que voy a contar a continuación me he hecho reflexionar sobre la precocidad en la aparición de estas diferencias. Es asombroso ver cómo en nuestro medio los roles de “hombre” y “mujer” comienzan tan pronto.

En mi consulta el proyector de optotipos (por llamarlo de alguna manera, porque es una pantalla de ordenador) tiene un modo en el que sale un círculo, que va cambiando de color al pulsar un botón en el mando a distancia. Es simplemente un punto de fijación, algo que llama la atención del paciente infantil. Esto es útil en la exploración estrabológica: tengo que tapar y destapar un ojo y el otro mientras mira a un punto lejano concreto. Para que no se despiste con mi mano tiene que haber algo ahí lejos que le llame la atención. Voy cambiando el color del círculo y le insto a que me vaya diciendo los colores. Cómo los diga de rápido o de lento o que se equivoque es indiferente: con ese juego de preguntas consigo que fije la vista los segundos que dura la exploración.

El caso es que hace poco vino a consulta una niña de cinco años, y como a todos le puse el círculo que va cambiando de color, mientras le exploro.

– Yo:  ¿Qué color es ese?

– Niña: Azul

– Yo: ¿Azul claro o azul oscuro?  – nuevamente la respuesta es indiferente: es simplemente una forma de mantener su atención.

– Niña: Azul caribe

Cinco años. La respuesta me hizo volver la cabeza y mirar el círculo de la pantalla, a pesar de que yo había programado la aplicación y sabía exactamente qué colores salían. Para el azul hay dos posibles:  el “cyan” y el “blue” de la paleta de colores del programa. No he trabajado mucho en ese aspecto del programa: me he limitado a poner los colores estándar que ya vienen configurados.

No sé qué esperaba ver en la pantalla, si palmeras o algo así, pero lo cierto es que la niña me descolocó. No lo dijo de forma repípi o repelente, no era pedantería o para llamar la atención. Por lo menos, a mí no me lo pareció. Lo dijo con total naturalidad, no para corregirme o hacerse la listilla. Supongo que lo de “claro” y “oscuro” se le quedaba corto, para ella ese azul era simplemente “caribe”.

Por supuesto, es una excepción. Pero si un paciente de tan corta edad tiene ya costumbre para discriminar de esa forma dentro de una gama de colores, era esperable que fuera una niña. Si nos ponemos a discriminar, tanto varones como mujeres podremos diferenciar y nombrar si nos enseñan. Pero no es algo que a un niño varón se le ocurra espontáneamente. Bueno, ni a un adulto.

Cuando me tocó hacer la reforma del piso y elegir color para las pareces, podía diferenciar entre un teja y un caldera, y podía decidir cuál me gustaba más, qué le iba mejor a la habitación y cómo afectaba a la iluminación. Si todo es ponerse. Pero esa “disciplina cromática” no cala. Una vez salgo del contexto en el que necesitas ese tipo de discriminación, cuando miro el círculo verde de la pantalla de la consulta, para mí no es “verde lima” o “verde esmeralda”, es simplemente verde.

 

marzo 5, 2012 / Ocularis

Oftalmología en Internet

El mes pasado estuve en un congreso al que saqué mucho jugo. Me dio la información final que necesitaba para hacer un par de artículos del otro blog. Pero además tuve una participación activa, tanto como “ponente” (lo entrecomillo porque mi participación fue corta y porque no me considero experto en el tema que hablé) como tuiteador oficial del evento. Esto de transmitir un congreso vía twitter fue la segunda vez que lo hacía, el año pasado hice lo mismo en la edición anterior.

Tengo que agradecer a Fernando Soler la confianza que deposita en mí, y en ofrecerme un espacio para hablar en un congreso “convencional” del Proyecto Ocularis. Aprovecho para mandarle un cordial saludo, en estos momentos difíciles para él.

Para mí el congreso fue productivo porque hubo un par de sesiones dedicada a Internet, y varias personas estuvimos hablando de nuestras experiencias y puntos de vista. Se habló principalmente de blogs y redes sociales, y fue interesante conocer otras visiones. Es decir: ¿para qué utilizan los profesionales todo esto de facebook, twitter, blogs, etc?.

La sensación después de oír a los demás ponentes fue … extraña. Voy a poner un símil un poco absurdo para intentar explicarme.

Supongamos que en el siglo XVI organizan un congreso sobre alfabetización. La mayor parte de la población no sabe leer ni escribir, y en ese congreso hablan una serie de “expertos” que usan la lectura y la escritura de forma habitual.

  • Primero habla un mercader, y explica las ventajas de saber leer y escribir, para poder vender mejor los productos. Publicidad, marketing.
  • Luego un contable explica la ventaja de saber escribir números y registrar las transacciones en papel. Es una herramienta de trabajo.
  • Más tarde un maestro explica que es una forma muy eficaz y duradera de transmitir conocimientos, y combatir la ignorancia.

Saber leer y escribir no es una idea, un concepto o una motivación. No es un elemento unitario que reúna diferentes profesionales o puntos de vista que trabajen en una misma dirección. Es una herramienta que se utiliza de diferentes maneras.

Para mí Internet es lo mismo. No es ni bueno ni malo, no podemos decir que tenga una utilidad definida. Es un canal de información. Reunir a diferentes “expertos” en el tema y cada uno cuente su visión es … extraño.

El co-director de la sesión, y el que nos ofreció la ponencia más larga dio una visión “rompedora, dinámica y cercana”, con frases chocantes como “la web está muerta”, haciendo alusión a la revolución de las redes sociales frente a otras formas anteriores de utilizar internet. Supongo que para la mayoría de los oftalmólogos debió ser una charla sorprendente: ahora que la mayoría se manejan con las webs convencionales, con la wikipedia, los blogs, etc, resulta que todo eso no sirve para nada, que lo que ahora se lleva es facebook, twitter, etc. Realmente si sueles estar un poco al día sobre el tema, los discursos “rompedores” de gurús, sobre el futuro y las modas, bueno, ya lo tenemos oído.

Esa ponencia la resumiría en una palabra: marketing. Se trata de vender un producto. Pero se trata de ser cercano, caer bien, ser simpático, ser accesible. Lo cual hasta cierto punto está bien, claro. Pero, ¿y el contenido?. ¿Nos estamos preocupando de que el paciente esté realmente bien informado?. Este canal de comunicación, ¿es beneficioso para la salud del paciente?. ¿Ofrecemos un beneficio, o podemos dar lugar a malentendidos?. Esas preguntas no se daban. Había que llegar al paciente, pero realmente no como paciente, sino como cliente.

Un detalle de la charla que resume bien el concepto con el que me quedé: un oftalmólogo con la foto de Facebook con sus hijos es un buen ejemplo de lo que debe hacerse. Porque un oftalmólogo con sus hijos “vende”, el paciente se identifica, va a confiar más en ese profesional, te va a cuidar mejor.

No voy a decir que esté mal, y por supuesto tampoco voy a decir que no funcione (creo que funciona). Pero no me termina de gustar esa forma de “vender salud”.

Quizás me parecieron más cercanas otras charlas, en donde oftalmólogos y optometristas contaban sus experiencias con blogs y páginas de Facebook. Pero el objetivo era el mismo: inviertes un tiempo en escribir post en los blogs o artículos en la red social para crear una imagen de marca, darte a conocer y vender tu producto. No se trata de ofrecer información de calidad, no de establecer una nueva forma de comunicarse con sus paciente/clientes. Se trata de vender una mercancía. Estaba claro: después de describir cada una de las plataformas que desarrollaban, llegaba el apartado de “beneficios”, que consistía en promocionar tu marca a mucha gente, aumentar las citas de la clínica, etc.

En cierta medida, yo pintaba poco ahí. Cuando acabé mi especialidad, Internet ya existía. Los blogs ya existían. Mi forma de entender la oftalmología, de pensar qué puedo “hacer como médico”, comenzó a desarrollarse en un momento donde todo este tema estaba en plena expansión. Para mí el blog es una afición, pero también una forma de desarrollar la vocación médica. Puedes ofrecer una parte de tus conocimientos a mucha gente. Hay que aprender lo que puedes decir en la consulta, con tu paciente, con una comunicación más cercana, con una idea más clara de lo que le pasa al que te pregunta. Y lo que puedes decir en la web, a una persona que no conoces, que realmente no sabe lo que tiene, y sin que sepas a ciencia cierta las consecuencias de tus palabras. Pero merece la pena aprenderlo, porque realmente hay cosas que ofrecer.

Para la protección y la promoción de la salud son más eficaces las medidas de mejora general de la higiene y unos conocimientos básicos que las medidas concretas. Hay mucho que hacer para mejorar la salud pública en forma de información fuera de la consulta médica. Los médicos podemos ser muy útiles con Internet, y no obligatoriamente imitando el acto médico tradicional.

Lo que vi, sin embargo, es adaptar lo que nos ofrece la red a nuestros modelos tradicionales de negocio. Se trata de ganar prestigio y hacer marketing. El objetivo al final es económico.

Y no es que vea mal que se use la red para promocionarse. Pero no veo un auténtico esfuerzo en generar contenido.

  • O bien se busca presencia en redes sociales sin ofrecer contenido que pueda ser realmente de utilidad para el internauta.
  • O se ofrece información muy general, que se queda muy corta.
  • También se mezclan artículos que sólo serán de interés para los profesionales, y pueden llevar a malentendidos (hipótesis de investigación que finalmente no se confirman, por ejemplo).
  • Muchas veces existen claros conflictos de intereses en la información que se ofrece.

En resumen, este encuentro me ha servido para resolver algunas dudas. Después de tantos años con el blog, esperaba que ya hubiera más movimiento a nivel de oftalmología, que hubiera mucha información de calidad que dejara obsoletos la mayoría de los artículos que he escrito. Información más accesible, actualizada. Oftalmólogos que hayan dedicado más tiempo y esmero en hablar de los diferentes temas. Unas alternativas mejores a Ocularis, que es un proyecto “todo terreno” demasiado general, con un nivel de comunicación escaso debido al relativo poco tiempo que le he dedicado. Ver superada la mayoría de la información de años atrás me permitiría evolucionar, cambiar el formato, quizá subespecializarme en áreas más concretas, aprender de los demás, establecer canales de comunicación con autores, etc.

Ese momento todavía no ha llegado, y pensé que simplemente lo de Internet todavía no interesaba a mis colegas. Como digo, esta reunión me ha despejado algunas dudas: la red sí que interesa, pero los objetivos son diferentes.

noviembre 14, 2011 / Ocularis

El trémolo inducido

Es un vídeo muy viejo de los geniales Les Luthiers. Aparte de que la melodía se adapta perfectamente dos registros tan diferentes (barroco y folclore andino), a mí me hace mucha gracia cómo el trémolo que consigue con facilidad el charango (esa especie de guitarra pequeña), pretende luego inducirse en la quena (este tipo de flauta). Y en el bombo.

noviembre 12, 2011 / Ocularis

Desinformación de sanitarios para sanitarios

Al entrar en la aplicación sanitaria que se utiliza en todo el sistema público de mi comunidad, obligatoriamente te topas con el siguiente párrafo:

Los profesionales sanitarios tenemos el compromiso de vacunarnos contra la gripe para evitar la transmisión del virus en nuestro entorno: a compañeros y a pacientes. Somos un grupo priorizado en la Campaña Antigripal, actúa en consecuencia, vacúnate.

Leyendo esto, te dejan claro que como sanitario estás poniendo en peligro a la población si no te vacunas. O no. Porque el caso es que los sanitarios se dedican a la salud, se sobreentiende que tienen algunos conocimientos sobre vacunas y medicina basada en la evidencia. Algunos leen, contrastan.

Este tipo de afirmaciones desafortunadas han ocurrido en bastantes sitios, y la gente, esos “profesionales sanitarios irresponsables”, que más bien son críticos y están informados, han aportado un poco de luz al tema. Por poner unos ejemplos, tenemos los comentarios de Rafa Bravo, Juan Gervás o Margaret McCartney.

Evidentemente, el ahorro en bajas laborales puede rentabilizar el uso de la vacuna desde el punto de vista del gestor. Por lo menos, si ese modesto efecto en la reducción de días de baja es realmente relevante, cosa que al parecer no queda clara. Pero intentar aumentar la vacunación entre los trabajadores con este tipo de mensajes, no parece lo más adecuado, la verdad.

noviembre 3, 2011 / Ocularis

Prescripción por principio activo. “Facilitando” las cosas.

Rescato de las cenizas el blog (6 meses sin publicar era para dar el blog por muerto) para hablar de un tema ya muy trillado en la blogosfera sanitaria. Desde ayer entró en vigor la reglamentación que “nos obliga” a prescribir por principio activo. Más o menos. O sea, sí pero no. Que depende.
La confusión y las ambigüedades que trae esta normativa, en el caso de la oftalmología se añade al barullo que teníamos previamente. La situación que tenemos en la actualidad queda más o menos así:

  • Hay medicamentos que no están cubiertos por la sanidad pública. Esto ya era de antes. Y es curioso, porque se supone que la Administración cubre los medicamentos indicados de eficacia demostrada para enfermedades. Los suplementos dietéticos quedan fuera; al fin y al cabo en general la indicación es bastante cuestionable, así que de acuerdo. Algunos medicamentos de eficacia no demostrada quedan dentro; eso ya no gusta tanto. En el caso de la oftalmología, existen tratamientos que quedan fuera. Y no hablo de vitaminas y antioxidantes, que ya decíamos antes que la indicación es, cuanto menos, dudosa. Hablo de tratamientos tópicos que son eficaces y están indicados en algunas enfermedades. Y de forma arbitraria, unas moléculas quedan fuera y otras dentro. Casualmente (o no) moléculas con mejor eficacia, indicada para casos más complejos, quedan fuera.
  • Del resto de medicamentos, los que sí están cubiertos cubiertos por la Administración (en caso de pensionistas, el paciente no paga nada; de lo contrario paga una parte del precio), debemos prescribir por principio activo. Eso supone aprender los nombres de los principios activos y sus concentraciones, aunque eso a veces no es tan fácil en oftalmología, con colirios que tienen varios principios activos en la misma formulación, a diferentes concentraciones. En este caso, nos informan de que “debemos” prescribir por principio activo y no por marca comercial. Aunque todas las marcas y genéricos valgan lo mismo. Aunque no haya genéricos y sólo haya un fármaco en cuestión.
  • Pero no siempre es así, hay algunos medicamentos que pueden saltarse esa excepción, y entonces “debemos” seguir prescribiendo con la marca comercial. O no sé si “debemos” o “podemos”; si en estas excepciones  podemos hacerlo de una manera u otra.

Lo de que “debemos” tampoco lo entiendo mucho. No sé hasta qué punto nos pueden obligar a seguir esas normas. Se supone que había algo que era la libertad de prescripción.

Todo este barullo para disminuir el gasto farmacéutico. Un fin loable, aunque a mucha gente se le ocurren mejores maneras. Pero el caso es que para la mayoría de los tratamientos de mi especialidad las marcas han igualado el precio de los genéricos, de forma que recetar el genérico ya no supone un ahorro. Un paciente lleva años utilizando un colirio a diario para (por poner quizás el ejemplo más claro) tratarse un glaucoma. Con la llegada esta nueva reglamentación, su colirio ha bajado de precio hasta llegar al del genérico, al precio mínimo del mercado. Bien, pues ya está conseguido el ahorro, el paciente puede seguir utilizando su tratamiento de toda la vida, ese frasco que ya conoce.

Pero no: el médico no puede recetarle ese medicamento, tiene que poner en la receta el principio activo, y el que decide es el farmacéutico. Como todos tienen el mismo precio, el farmacéutico decidirá con libertad absoluta. Es fácil entonces que cada vez que el paciente vaya a por un frasco nuevo (todos los meses), al final acabe cambiando. Eso genera desconfianza en el paciente. Ni se llama igual, ni es la misma caja ni frasco.

Por otra parte está el problema de qué parámetros de calidad se utilizan para los genéricos. Para fármacos de uso sistémico medimos la concentración en sangre. Nada que discutir. Además, se utilizan genéricos sistémicos desde hace tiempo, ya tenemos experiencia a posteriori. Pero para los medicamentos tópicos oculares no se ha medido la concentración en humor acuoso (lógicamente, no vamos a pinchar ojos con alegría para realizar estudios farmacocinéticos). Así que obligan a que el proceso de elaboración del genérico sea igual al fármaco de marca. Y así se supone que la farmacocinética y los efectos serán iguales. Se supone. No hay estudios a posteriori, la gran mayoría de los genéricos son nuevos.

Muchas incertidumbres, un sistema complejo, y problemas de isoapariencia, como acertadamente nos ha ido explicando Vicente Baos estos días. No estoy en contra de la utilización del principio activo, y me parece bien dejar para los farmacéuticos y el Estado que arreglen el problema de marcas, precios, etc. Pero sin que suponga un problema de confusión y confianza al paciente por el nombre y la apariencia. Y también, en el caso concreto de la oftalmología, estaría más tranquilo con estudios que garantizaran el perfil de seguridad y la eficacia de los genéricos.

mayo 3, 2011 / Ocularis

Segundo congreso de la blogosfera sanitaria

El 17 y 18 de junio tendrá lugar el II congreso de la blogosfera sanitaria. Podemos leer los detalles el su web. Asistí al primer congreso, en junio de 2010, y la experiencia fue positiva (lo conté en un post del otro blog). A esta segunda edición no voy a ir, me coincide con un congreso de mi especialidad que no me puedo perder. Es una pena porque me apetecía asistir.
Aunque, siendo sincero, en este año que ha pasado entre uno y otro congreso, mi visión sobre ese concepto de “blogosfera sanitaria” ha ido cambiando. He perdido algo de ilusión. Se supone que los bloggers que integran (¿integramos?) esta comunidad son profesionales sanitarios en su mayoría, o bien personas muy implicadas en el concepto de sanidad, con el objetivo común de mejorarla. Esperaba una actividad más científica y racional. Evidentemente, no deja de ser un grupo de humanos, creando una serie de interacciones, pues eso, humanas. Remedan por tanto actitudes, roles, tendencias y comportamientos que se pueden estudiar y hasta cierto punto predecir sabiendo un poco de dinámica de grupos. Algo así es inevitable, y hasta cierto punto positivo. Pero no esperaba que fuera tanto. Se supone que una buena parte somos “científicos”, y que nuestro objetivo es buscar el consenso para mejorar ciertas cuestiones comunes. Sin embargo, este hábitat está plagado de grupos de presión que buscan sus intereses (y los grupos mayoritarios abusan de su número para imponer sus opiniones), gurús y antigurús, se alimentan las hostilidades internas, se busca la provocación estéril, …
Si bien tras el primer congreso mi lector de feed y el timeline de twitter engordaron apreciablemente porque empecé a seguir mucha más gente, estos últimos meses he ido aligerando.

No es que todo sea negativo, claro. Esta blogosfera sanitaria es una buena forma de estar al día de las noticias de nuestro ámbito, y prefiero la lectura parcial de diferentes blogs (entre unos y otros uno se queda con una idea más o menos clara) que la lectura parcial y única en los medios de comunicación convencionales. Y también es una buena forma de reciclarse en conocimientos médicos (aunque me siento solo en lo mío: tengo ganas de seguir algún otro blog de oftalmología en castellano). Pero la verdad es que me he ido desencantando un poco.

En fin, espero que todo esto cambie y el año que viene pueda decir otra cosa.

De todas formas, espero que vaya muy bien el congreso, leeré las crónicas que llegarán después y deseo que sea todo un éxito.

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