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agosto 23, 2010 / Ocularis

Chuletas médicas (I)

Con este post comienzo una serie para hablar, no de gastronomía (los galenos también hacemos de domingueros para humearnos en una barbacoa, pero no va por ahí la cosa), sino de esa serie de apuntes de la que nos valemos para la práctica diaria.

Y sí, aunque nuestra carrera son muchos años, y luego el MIR, y luego la especialidad, pues no nos sabemos de memoria todo lo que podemos necesitar en un momento dado. Llevamos cosas apuntadas. Y sí, están los libros para consultar, incluso hay manuales de bolsillo que podemos llevar en la bata, pero además de eso posiblemente necesitemos algo de nuestra propia literatura: nuestros propios esquemas y resúmenes, algo personalizado a nuestra forma de trabajar y de pensar; nuestros propios “miniprotocolos personales”.

Pero este tipo de apuntes no es igual para todos los médicos, ni mucho menos. No hablo ya del contenido, sino la forma: desde cuartillas desordenadas y llenas de tachones, hasta libretas perfectamente inmaculadas, ordenadas y subrayadas, hay una amplia gama de chuletarios. Tanta diversidad depende del propio carácter del médico, de su especialidad (sin llegar a los arquetipos manidos, bien es cierto que depende de las especialidades podemos encontrar una forma de trabajar diferente), pero sobre todo de su estatus dentro de la jerarquía. Eso habla principalmente de la inexperiencia y veteranía, el caso es que uno puede empezar utilizando muchos o pocos apuntes, ordenados y limpios o todo lo contrario, y cuando uno se va haciendo mayor las cosas cambian.

Hasta que uno no aprueba el MIR y no llega a las “trincheras” (vamos, que comienza a ejercer de médico), realmente no hay chuletas “de batalla”, que es de lo que yo hablo. Como estudiante durante la carrera o el MIR uno se hace apuntes, resúmenes, esquemas, lo que quieras. Pero son contenidos teóricos para exámenes teóricos. Son herramientas para aprender y que no llevarás cuanto te enfrentes a tu enemigo: que es una hoja con preguntas tipo test.

No, nada que ver con lo que vas a hacer después. Cuando te dan un papelito cutre en el ministerio de Sanidad y te mandan para el hospital que has elegido con una etiqueta mental de “residente de primer año”, lo que vas a tener delante son pacientes. Las chuletas las puedes llevar contigo porque no es un examen, pero el sujeto que tienes delante le duele el hipocondrio derecho y tiene vómitos, y espera y supone que tu sabes perfectamente cómo manejar su problema. El sufriente que está en tus manos no te hace una pregunta perfectamente redactada y te da cinco respuestas a elegir: está doblado de dolor en la camilla, y la enfermera te mira con una mezcla de lástima y suficiencia. Y todos esos esquemas y resúmenes de la carrera y el MIR no te sirven para nada. Porque no tienes delante una enfermedad, tienes una serie de síntomas. Tampoco tienes los síntomas perfectamente ordenados y detallados. No tienes unos minutos para ordenar las ideas. De hecho, y esto tardamos mucho en aprenderlo, no necesitamos saber clara y definitivamente el diagnóstico con la primera anamnesis y exploración para ponernos en movimiento. Tenemos que manejarnos con grupos de síntomas y grupos de diagnósticos probables. La incertidumbre se va reduciendo sobre la marcha.

Pero me voy por las ramas. El caso es que no tiene nada que ver los apuntes que nos ayudan a entender la teoría con las chuletas que necesitamos para manejarnos con el paciente. Es cierto que por las urgencias de los hospitales suelen circular unos apuntes para las guardias de puerta. Quizás nos sirva y no necesitemos más chuletas para urgencias, depende de lo buenos que sean esos apuntes que nos dan, de lo solos que nos dejen en urgencias, de nuestro carácter, de si te interesa mucho aprender de las urgencias (no es lo mismo un internista o un médico de familia que un psiquiatra o un oftalmólogo) , etc. Pero aun suponiendo que con los apuntes que te dan te sirva para las guardias de puerta, esto no sirve para tu especialidad.

El sentimiento de profunda ignorancia del residente del primer año (a.k.a. R1) es grande. Y aunque parezca un contrasentido, salvo temerarios (que los hay), no es un “peligro andante” precisamente porque es tan consciente de que no sabe nada que se asegura de que le supervisen en toda exploración y tratamiento. Para mí son más peligrosos los R2 y R3, porque es más fácil que se crean que saben más de lo que realmente saben. Pero bueno, ahora estamos con los tiernos R1, y esa abrumadora sensación de no tener ni idea. Uno de los mecanismos de defensa más importante son las chuletas que van haciendo. A veces es un mecanismo de defensa puramente psicológico, y las chuletas no tienen mucho fin práctico, pero es un método para intentar sistematizar el aprendizaje, de intentar capturar esas “perlas de sabiduría” de adjuntos y residentes mayores, que de otra forma se le escaparían. Así, sus agendas son un conjunto bastante desordenado de ideas sueltas que le explican adjuntos y residentes, dudas que tienen para preguntar, algunos esquemas cogidos apresuradamente de los libros que apenas han empezado a leer.

Durante los primeros meses de la especialidad no conseguimos apuntes de buena calidad. Lo que pregunta o copia apresuradamente de la práctica clínica son cosas desordenadas, o tan básicas que no las consultará porque se las aprenderá rápidamente. Y ni siquiera lo que copia o esquematiza de libros suele tener mucha calidad. Porque el pobre R1 va mal de tiempo, entre las guardias, adaptarse a la nueva vida (a veces se ha cambiado de ciudad, lejos de amigos y familia), y quiere abarcar mucho. No puede leerse todos los libros a la vez. No tiene criterio para elegir qué estudia primero, ni con qué profundidad. No sabe quedarse con lo básico y esencial para profundizar en los próximos años. No nos han enseñado a estudiar así en la carrera. Y los apuntes los hace aceleradamente porque no tiene tiempo de estudiar y asimilar calmadamente. No hace una lectura de varios capítulos del libro, para luego reflexionar, preguntar las dudas al adjunto y luego comenzar a hacer sus apuntes. Lo va resumiendo sobre la marcha, sobre un texto que apenas entiende.

Pero uno no puede sino sonreír entrañablemente cuando en un cajón perdido encuentra esas libretas que rellenaba durante los primeros meses de la residencia. Con un valor meramente sentimental, esos esquemas nos recuerda que alguna vez fuimos residentes y no entendíamos lo que ahora es rutina.

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4 comentarios

Dejar un comentario
  1. quelverd / Ago 24 2010 4:33 am

    ¡Felicitaciones!
    Felicitaciones por el nuevo proyecto en el inicio de su ejecución, por la sinceridad y espontaneidad al escribir en un lenguaje claro, sencillo y de fácil comprensión.

  2. Ocularis / Ago 25 2010 1:42 am

    Vaya, muchas gracias 🙂
    Ahora me toca encontrar un nuevo registro, una nueva forma de expresarme que siga siendo la mía y a la vez que no sea la de “El Ocularis del otro blog”. En fin, a ver qué tal ….

  3. Sophie / Sep 7 2010 8:49 pm

    Ains, hay que ver lo bien que has sintetizado cómo nos sentimos los pobrecillos R1, que nos han soltado con una bata, un fonendo y “hala, aquí tienes tu paciente”. Mis primeras guardias fueron horrorosas por las incertidumbres y el miedo a pifiarla a pesar de ver más o menos claro por dónde iban los tiros.
    Enhorabuena por el blog, me gusta 🙂

    • Ocularis / Sep 7 2010 10:44 pm

      Gracias por visitarme, es un privilegio que te pases por aquí.
      Sí, el primer choque de R1 con la urgencia es algo de lo que te acuerdas después. Mi carácter “tranquilote” se puso a prueba en esas guardias de puerta.

      Me alegro de que te guste el blog, no sé si esta orientación diferente va a tener interés o no.

      Saludos 😀

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